Cadencia
La lógica de tensión y reposo Para entender la cadencia es necesario comprender primero el principio sobre el que descansa toda la armonía tonal: la jerarquía funcional de los acordes. En cualquier tonalidad, los acordes no son equivalentes entre sí, sino que tienen funciones distintas y definidas. El acorde de tónica (grado I) es el punto de reposo y estabilidad, el "hogar" al que la música tiende a regresar. El acorde de dominante (grado V) es el punto de máxima tensión, el acorde que genera una expectativa casi irresistible de resolución hacia la tónica. El acorde de subdominante (grado IV) ocupa un papel intermedio: tiene cierto peso conclusivo pero menos urgencia que el dominante. Una cadencia es, en esencia, la gestión de esta tensión: la sucesión de acordes que lleva al oyente desde un punto de inestabilidad armónica hasta uno de estabilidad, o que suspende esa resolución para mantener la expectativa activa. Esta dinámica es tan fundamental que un oído formado en la tradición tonal —es decir, prácticamente cualquier oyente occidental— la reconoce y la siente de forma casi instintiva, incluso sin haber recibido formación musical.
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